El logotipo y su preparacion

El notable impacto visual de la imagen corporativa de una determinada marca puede condicionar buena parte del trabajo empresarial que venga después de forma positiva. Por ello, todos los pequeños detalles deben ser cuidados de forma minuciosa. El logotipo, por ejemplo, va a decir muchísimo acerca de la naturaleza de la marca, por lo que es un apartado que no hay que tomar a la ligera.

BMW puede ser una especie de paradigma de lo que hablamos; a simple vista, su logotipo puede parecer simple –tres letras, un círculo y el azul y el blanco complementándose en baños cromáticos pares-. Sin embargo, sus iniciales hacen referencia a Bayerische Motoren Werke, que traducido del alemán al castellano significa “fábrica de motores bávara”.

El azul y el blanco de BMW seguro que fueron seleccionados por los valores de serenidad y paz que transmiten, pero, ojo, porque también son los colores de la bandera de Bavaria, otra declaración de intenciones para evidenciar las raíces de la marca y presumir de la presteza y la robustez de la industria automovilística alemana. Pero ahí no acaba la cosa, la distribución del dibujo interior da lugar a unas aspas, lo que supone un guiño a los orígenes de la marca, que se encargó de producir motores para el ejército durante la Segunda Guerra Mundial.

Y es que la complejidad se esconde tras los logotipos de todas las marcas, aunque algunas parezcan de lo más simple. Audi, por su parte, entrelaza los cuatro anillos –podría establecerse cierta semejanza con el símbolo del Olimpismo- de las compañías que en 1932 se fusionaron; las grandezas motoras de Audi, DKW, Wanderer y Horch se unieron bajo el paraguas de la actual Audi. El logotipo de Toyota es otra genialidad; es simple, lo forman tres elipses y nada más, pero este carácter minimalista y la distribución precisa del dibujo permite que puedan leerse las cuatro letras de la marca: te, o, i griega, a.